MOncayo 3El Moncayo, ya ha cambiado a los colores de otoño y está en todo su esplendor. El rojo de las hayas se mezcla con los tonos marrones y ocres de los robles y con el verde de los pinos y los acebos que salpicados de pintitas rojas como otros frutos del bosque, van marcando la paleta de colores que el otoño nos trae.

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Pero especialmente, nos gusta el otoño, porque si bien a lo largo de todo el año podemos encontrar setas en los montes, es en esta época del año cuando salimos a la caza y captura de más variedades de especies micológicas.

Lo que tiene el Moncayo, es que podemos encontrar de todo tipo de setas, ya que debido a su singularidad botánica encontramos en él los hábitats más representativos donde poder encontrar setas. Encontramos eriales y pastizales, donde con un poco de suerte y de pericia setera, llenaremos la cesta con la “reina” de las setas (esto es a gustos), la seta de cardo (Pleorotus eryngii)

Peryngii

Pero si no encuentras esta seta, seguro que vuelves a casa con senderillas, champiñones, macrolepiotas, pie azules,….

Si nos adentramos en el monte, encontraremos masas de pino, donde los níscalos o rebollones como aquí se llaman (Lactarius deliciosus), harán las delicias de los aficionados. Pero no nos paremos aquí, que aún hay más. Podemos hacer una parada en el hayedo y aquí vamos a disfrutar de lo lindo, porque además de que el paseo es muy bonito, nos vamos a a encontrar con muchas especies de alto valor culinario: Boletus o migueles (Boletus edulis), pardillas (Clytocibe nebularis), rebozuelos (Cantharellus cibarius), etc, etc.

El Moncayo siempre merece una visita, pero en otoño yo creo que más. Por si alguien no lo sabe, el ayuntamiento de Ágreda, dispone de un albergue para alquilar en el hayedo del Moncayo (podéis consultar la información en la web del Ayuntamiento) así que en cuanto recolectéis unos buenos ejemplares, a cocinar y a seguir disfrutando, pero ahora con el paladar.

Una advertencia, si tienes cualquier duda por pequeña que sea sobre las especies que estás recolectando, ni se te ocurra probarlas, hay que estar seguros a un 200 %. Además los ejemplares que ya no vayas a consumir, porque no sean comestibles, estén extra maduros, sean muy pequeñitos, …, se dejan donde están, ni se pisan ni se destruyen, que la naturaleza es muy sabia y los ha puesto ahí por algo. Vamos, simplemente que actuemos con cabeza.

Boletus 5_8_13